domingo, 26 de diciembre de 2010

Bendita Navidad, nos crean (creamos) tantas expectativas a base de peliculones de sobremesa, anuncios de turrón,  chinchones y zambombazos que en cuanto se nos quema el cochinillo o la abuela se pone farruquilla entre los langostinos y los turrones se nos va a pique el espíritu navideño; y es que no, definitivamente, eso no era lo que antena tres nos había prometido en sus pelis basadas en hechos reales.
A mí de momento papa Noel me ha traído un hombre cangrejo, (un pasito palante María, dos pasitos pa´tras) y una resaca cuanto menos interesante con su dolor de cabeza, sus retortijones correspondientes y sus arcadas cada vez que vas a la cocina y te cruzas con los mazapanes.
Así que este año a los reyes, les pediré un buen par de testículos, no para mí, Dios me libre, sino para aquellos que ni comen ni dejan.
Pero no está tan mal, hay cosas divertidas; amigo invisible familiar, hoy recién levanta he confesado: mamá, eres tú, que coño te compro??!! Y su respuesta apabullante: hija, unas zapas de esas tan chulas que tonifican, que me duele mucho la espalda (no salgo de mi asombro).
Y no olvidar tampoco que en navidad te pasas de mediados de diciembre a principios de febrero comiendo restos (pero no restos chungos), que si un poquillo de salmón, que si pásame el flan, tráete aquellos quesos de la cesta del curro de tu hermana….
Y aunque en este preciso momento esté un poco escéptica ya me voy teniendo calá, y sé que en cuanto me tome un café con las aserejes, en un mano a mano con los polvorones, la simple visión de mi señora madre haciéndome el cocido y tonificándose a la par,…., vamos, que se me pasará, de hecho, confieso que ya se me escapa la sonrisilla….
Ale, feliz navidad!

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Creo que tendemos a pensar en la felicidad como algo ajeno a nosotros; algo que vendrá, como la primavera, con el nuevo novio, con el trabajo que esperamos, el sueldo que merecemos, cuando aprobemos ese examen, cuando nuestros michelines desaparezcan y tengamos los glúteos más firmes.

Y, poco a poco, me planteo que la felicidad, en realidad, se conquista cada día y no siempre se mide en número de carcajadas por horas, ni en la ausencia de problemas, ni de sentimientos de tristeza ( suena paradójico, lo se)

Para mi, a día de hoy, se mide en la tranquilidad con que te metes en la cama, con la sensación de " lo bien hecho" o de " estar en el camino"., con la coherencia entre quien quiero ser y quien soy. Con vivir llevando a cabo mis valores, con la certeza de saber que hay/habrá temporales y que puedo/podré capearlos. Con saber que hay momentos grises, pero que solo son eso, momentos, y que al fin y al cabo yo decido que tono de gris le quiero dar y que hacer con la tristeza ( llorar toda la tarde o llamar a una amiga, cagarme en todo lo que se menea un rato y darme un baño,...., todas son opciones, pero con algunas me sentiré mejor que con otras)

A día de hoy, repito, me hace feliz permitirme saber quien soy,que siento, que quiero y porque. Poder hacerlo de forma pública, ante los demás, aún cuando estos no estén de acuerdo.