domingo, 21 de noviembre de 2010

                               Parece cada vez más obvia la existencia de múltiples (miles de millones) realidades simultaneas y nuestra capacidad de elegir cual nos gusta más. Y mira que no lo digo yo, por Dios, el mérito no es mío; lo dice la física cuántica, nos lo dicen filósofos, sabios, pensadores, genios,…
Pues si señores, parece ser que nosotros mismos somos totalmente libres de decidir cómo y porqué queremos vivir (nuestra única y más grande libertad decía un tal V. Frankl), (esto de citar queda guay porque hasta parece que sabes de lo que hablas).
Incluso se oye, cada vez más, hablar de leyes de atracción. (En su versión más comercial encontramos El Secreto, que garantiza grandes sumas de dinero y polvetes a cascoporro, entre otras cosas).
 Yo sí creo, aunque no te creas que lo digo sin cierto pudor, eh!. No creo precisamente en eso de pensar, quiero 120.000 euros en un mes, pero sí creo que lo que pensamos es lo que creamos, y en cierto modo lo que atraemos; y es que la idea en sí no es tan descabellada.
¿Por qué esta idea nos jode tanto? Muy sencillo, busca a alguien que siempre busca parejas inadecuadas y dile que en el fondo, es lo que buscaba; dile a alguien que se siente solo y decepcionado de la vida que él ha creado esa situación. Porque claro, de ahí viene el yo me lo guiso yo me lo como o lo que en psicología conocemos como profecía autocumplida. ( En lenguaje coloquial, cuando dices, me la voy a pegar……, me la voy a pegar………, me la voy a .., mierda, me la he pegao!). Y es que al ser humano se le da muy bien eso de tirarse piedras en su tejado, vamos el masoquismo puro y duro, no es en vano que seamos los únicos en tropezar dos y mil veces con la misma piedra.
Al principio esta idea puede agobiar y crear estados de paranoia interesantes (joder, no quiero pensar así, que luego, …., ya sabes, lo de cuidado con lo que deseas que se puede cumplir…), pero con el tiempo resulta tranquilizador, porque en el fondo te está dando los mandos.  Tú eliges, tú decides si quieres pensar y hacerte un desgraciao (que palabra tan horrible), o si asumes que el dolor es real, pero el sufrimiento lo añadimos nosotros.
Puedes dejar de pasarte horas pensando en la mala suerte que tienes, lo malos que son los hombres, lo difícil que está eso del trabajo,  en lo mal que lo hiciste cuando, …, en lo mucho que te aburres, viviendo en un eterno domingo por la tarde, vamos. O bien puedes proyectarte en lo que realmente quieres, ponerte esa canción de María Jiménez que saca lo mejor de ti, hacerte un café y tomarte tiempo en hacer una lista de metas alcanzables, montar en una bici ( rosa, en mi caso), pensar en las cosas del día que no han estado nada mal hoy: sobremesa en la mesa camilla, llamadas con tarifa plana para comentar jugadas, os he hablado ya del cocido de mi madre, …, incluso el berrinche que te has llevado y te ha dejado otra vez hueco para poder seguir respirando…


A mí me gusta encamarme e imaginarme a mi misma en un futuro no muy lejano en mi despacho, con su mesa de madera, mi supersofá de profesional, mis papeles muy bien organizaditos, mi placa en la puerta (Merypeich, Gran Psicóloga, Efectiva y precios razonables). Me imagino la puerta abierta, para que puedan entrar pacientes, y con el teléfono sonando constantemente de toda la gente que necesita mis servicios. Y a lo mejor os parece raro, o absurdo, pero da un buen rollo…, y unas ganas de tirar p´alante…, le da hasta un toque material  al sueño que te deja casi casi rozarlo con los dedillos.
            Y es que ya lo decía un tipejo, un tal Niestzsche; no creo que lo conozcáis, no hizo nada      demasiado importante en su vida, juas:

                 “El que tiene un porque para vivir puede soportar casi cualquier cómo”

Por favor, si algún día alguien lee esto, intentad ver el documental " Y tu que sabes", para bien o para mal indiferente no deja....

sábado, 20 de noviembre de 2010

Me da miedo la soledad no elegida, que pase el tiempo y no haber llegado, no encontrar a donde llegar.
Me da miedo que los demás no me quieran, que tu no me eches de menos.
Me da miedo volver a dejar de vivir para mi para vivir para otro.Que el precio de una compañía sea perder la honestidad conmigo misma.
Me dan miedo el dolor que provoca el rechazo, la frustración de las expectativas.
Me da miedo odiar tanto a alguien que se me olvide seguir adelante.
Me da miedo mirarme un día y encontrar que estoy vacía, o bien llena pero sin haber podido compartir.
Me da miedo la pérdida de mis seres queridos y la impotencia cuando no puedo serles de ayuda.
Me da miedo el miedo y perder la fe.
Me da miedo no vivir mi vida para repetir patrones que no son míos, no soy yo.
                      
     Sin embargo:
            
                Valen la pena las miradas cómplices con un amigo, los momentos de risa, el conocerse tan bien que no haya nada escondido ( ni por esconder); las palmadas en el hombro que llegan sin pedirlas, la compañía silenciosa de los que escuchan tus cosas calladas y la generosidad de los mismos cuando te hacen partícipe de sus sombras.

                 Vale la pena lo que se aprende detrás de cada tropezón, las madres que agobian pero siempre se comen el filete más pequeño, los padres que sin saberlo te enseñaron justo lo que necesitabas saber; los hermanos mayores que te van abriendo puertas, que te descubren que nunca es tarde para el amor, que te dan sobrinos y luchan, los que siempre encuentran motivos para seguir adelante, aunque sea la capacidad de hacer una crema de calabaza.

                 La fe vale la pena, la confianza en que todo está en su momento correcto. Los terapeutas que el primer día te piden que compres una muñeca y poco a poco te enseñan a descubrirte.Vale la pena tomar las riendas de tu vida, aun cuando suponga soltar las riendas de otro. Elegir por y para ti.
              
                 Vale la pena la sensación de saber que estas haciendo lo que quieres, de estar en coherencia contigo misma, aunque a veces eso signifique sentir tristeza, soledad y nostalgia.Vale la pena la tristeza que no incapacita y luego permite valorar lo bueno de la vida; el miedo que no bloquea y te hace sentir grande al saltar sus obstáculos.

                                                    A día de hoy, ha valido la pena.